Preparad los caminos del Señor



Comenzábamos la semana con los ecos del dolor ante la muerte sin sentido del seguidor del Dépor, ‘Jimmy’, que nos recordaba, que la violencia engendra siempre violencia. Y con el recuerdo de Vanessa, la policía enterrada en Guitiriz. Estamos viendo episodios como estos todos los días en las noticias que nos acompañan a la hora de comer… pero que no nos quitan el apetito: muertes de los más débiles por la injusticia de los poderosos, muertes de aquellos que van en son de paz a países en guerra, contagios de enfermedades mortales por cumplir con la obligación humana y cristiana de velar por el bien de nuestros semejantes.
El caso de Teresa Romero nos recordó de cerca, en Becerreá, que nada de lo que pueda suceder en África o en cualquier ligar del mundo es ya ajeno a nadie. Los que nos sentimos seguros en nuestra casa tenemos que recordar que vivimos en una aldea global y que todos estamos relacionados. Lo que pasa más allá de nuestras fronteras nos afecta. Y lo que nosotros hagamos desde aquí también afecta a los que están lejos. Campañas de la Iglesia, como el Domund, celebrada hace poco, reflejan esta solidaridad con los que están lejos y tienen menos oportunidades que nosotros. Es Adviento esperamos que estas desigualdades desaparezcan. Y preparamos la Navidad. Afloran en todos sentimientos de bondad, de ternura y una especial sensibilidad para descubrir el rostro de los que sufren. Al estar en un tiempo de preparación no debemos dejar pasar un minuto sin pararnos a pensar cómo debe de ser nuestro actuar y qué podemos hacer para que nuestro mundo funcione un poco mejor. Y debemos de hacerlo aunque sólo sea por egoísmo: si a los demás les va bien, a nosotros irá bien. El Evangelio de la misa de hoy nos pide que preparemos los caminos del Señor. Cristo se encarna, se hace uno de los nuestros al nacer en Belén; si preparamos sus caminos, estamos preparando nuestros caminos, el camino de la humanidad redimida, salvada por la presencia de Dios en el mundo. Por los tanto, hay espacio para la esperanza.
La festividad de mañana, la Inmaculada Concepción de María, es un signo más de que hay esperanza. La figura de la Virgen nos habla de una humanidad limpia de pecado, unos orígenes a los que podemos volver.
Y acabo con una última reflexión. Criticamos la antelación en la instalación del alumbrado navideño, los adornos, las campañas en los centros comerciales, todo el alboroto que nos invade ya estos días… pero nosotros, ¿preparamos los caminos del Señor? ¿Preparamos los caminos de la paz, de la armonía, de la ausencia de violencia en nuestros gestos y en nuestras palabras? ¿Somos coherentes con nuestra fe, o dejamos que llegue el día y nos sorprenda con las manos vacías…? En boca de san Pablo: «Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habite la justicia. Por tanto, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables».

Tuesday, January 20, 2015 by gualey
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